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Mostrando entradas de septiembre, 2024

Camino de Asís. Día 1. Pamplona - Florencia

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El día de hoy ha sido una auténtica locura. Un vaivén tanto emocional como físico que ha terminado 1400 kilometros más lejos de donde empezó. He madrugado bastante, he dormido un poco nervioso, cosa que no me suele ocurrir nunca. Esto se debe principalmente a dos motivos: la emoción del viaje y la expectación del que espera, en este caso, una respuesta por parte del trabajo donde realicé la entrevista ayer. El viaje en villavesa ha sido el más cotidiano, recorrer las calles que recorro todas las semanas, despedirme de Pamplona y entrar en la estación de autobuses. ¡Qué distinto se ve un miércoles cualquiera cuando uno emprende un nuevo proyecto! Las caras de los peatones eran las de personas que caminaban hacía sus trabajos, hacía su quehacer cotidiano, un paseo rutinario y ordinario.  La llegada a Bilbao ha sido cómoda y he alacanzado el aeropuerto sin ninguna incidencia mucho antes de lo previsto. He recargado fuerzas con un bocata y he pasado los controles de seguridad. Apenas f...

Camino a Asís. (1)

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En apenas 10 días partiré rumbo a Florencia para comenzar mi peregrinación. Italia me resulta fascinante y siempre he querido conocer la ciudad de Asís, de la que he oido hablar maravillosamente. Emprendo este viaje con profunda paz, no voy a buscar respuestas, tampoco guardo excesivas preguntas en mi cabeza. Mi único objetivo es pasar tiempo conmigo mismo, lograr algo de inspiración para seguir escribiendo y por supuesto, alcanzar la meta final: el encuentro con San Francisco de Asís, tan influyente e inspirador para mí, como para tantas personas a lo largo de la historia. Es innegable la influencia que la espiritualidad franciscana ha tenido y tendrá en el desarrollo de tantos seres humanos que nos hemos acercado a su figura. San Francisco es ejemplo de renuncia. Un joven que abandona sus riquezas, una vida cómoda... para abrazar la pobreza sin limitaciones. Un discípulo que siente, que cree y que vive la coherencia llevada al extremo. Un santo de referencia que decide llevar el Evan...

Una carta para no decirte nada.

No sabía demasiado de tí, pero lo poco que conocía me gustaba. Me transmitías un encanto por la vida, la esperanza del que todavía sigue en pié, la ilusión del alma pura que no desespera, la inocencia de un niño con sonrisa risueña. Me volviste a hacer volar, regresaste con mis noches de sueños, con mis ganas de volver a conocer, me renovaste el aliento de fe. Despertaste mis ganas de escribir(te) de conocerte tras un café, de esperar un mensaje por las mañanas, de volver a creer en el amor a primera vista. Sin embargo, he regresado a mi querida condición, casilla de salida  donde confluyen todos mis anhelos. Fue bonito darme cuenta, que sigo siendo un cuentista soñador, un novelista algo frustrado, un artista de las palabras vacías que no pierde la esperanza y que escribe con cierta alegría. En el fondo, solo sabía que te gustaban las cartas, y aquí la tienes: una carta para no decirte nada.

Una noche en la playa.

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 Caminaba tranquilamente por la costa de Somo, a las orillas del mar Cantábrico. La noche estaba especialmente cerrada, con una luna decreciente en lo alto del firmamento, que tenuemente iluminaba los reflejos producidos por el brusco oleaje. Caminaba solo, y a medida que avanzaba incrementaba también la velocidad, como si acelerando pudiera alejarme de los conflictos internos que asolaban mis pensamientos. Primero marchaba a paso lento, luego a paso ligero, para acabar trotando y no recuerdo del todo bien si en algún momento logré alzar el vuelo. También soy capaz de rememorar una espesa neblina, producida por el golpeo del oleaje con el fondo marítimo.  Caminando por la costa, para llegar a encontrarme con el mar, debía de cruzar tres pequeños canalillos de agua salada, que trenzaban la playa como rio en busca de su desembocadura o raíces de árbol en busca de los nutrientes que le sirven de alimento. No se oía ninguna voz cercana, los grupos de bañistas habían marchado hace ...

Experiencias educativas (1)

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Hay una dinámica que me gusta mucho hacer con adolescentes y jóvenes en actividades y campamentos y me parece que puede iluminarnos en este inicio de septiembre a todos, así que os la comparto. La he realizado una docena de veces, con chicos y chicas, jóvenes de diversas nacionalidades, de ambos lados del charco, de entornos socioeconómicos muy distintos... Y, curiosamente, los resultados suelen ser muy semejantes. En un entorno de confianza y en un clima distendido les preguntamos cuáles son sus mejores recuerdos vitales. Tienen que escribir en un papel tres momentos de su vida que les hayan marcado por irradiar felicidad, esos momentos en los que se han sentido plenos y con una alegría rebosante. Hay gente que le cuesta encontrarlos, otros, sin embargo, lo hacen con una asombrosa facilidad, como si llevasen toda una vida pensando la respuesta a la pregunta. Os reto también a que hoy vosotros los podáis pensar. Luego les pido que los compartan con el grupo, al ser momentos felices no ...