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Mostrando entradas de julio, 2024

Noches de verano.

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Este post de hoy es un sencillo homenaje, una celebración de estas largas noches de verano. Temperaturas altas, una terraza donde sopla una leve brisa, una jarra de cerveza helada en nuestras manos. No estamos solos, nos acompañan los amigos de la infancia, el calor de la amistad que perdura a pesar del paso de los años. La temperatura se mantiene constante. Ahora mismo marcan 28 grados y han pasado las 11 de la noche. La conversación se va animando, echamos unas partidas de cartas y alegremente divagamos sobre la felicidad y el propósito de la vida.  A veces nos acordamos que mañana no tenemos que trabajar, que nuestra única responsabilidad es disfrutar el momento presente y celebrar y agradecer este viaje vital que nos ha tocado recorrer con tan buenos compañeros de camino. Me acordaba de una canción de Vendetta, en la que tras querer compartir con su amada todos los buenos momentos que nos da la vida, como colofón a los pequeños momentos, le ofrece las largas noches de verano. (...

¿Valió la pena?

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Esta mañana, al final de la Eucaristía, José Carlos nos ha contado un cuento. Una historia para reflexionar y rezar, de esas que no dejan a nadie indiferente. Creo que debo transcribirla y guardarla aquí, como tesoro que merece ser cuidado y mantenido durante el caminar de la vida. "Imagínense un tren. Un tren largo, que marcha a toda velocidad. El tren no para, tampoco hay estaciones, solo un destino: la meta final. El fin de nuestro viaje. En este tren está todo el drama de la humanidad, con sus alegrías y sus penas, todas las personas que habitan la tierra, todas las emociones, momentos. En ese tren estamos todos, sin importar condición social, lugar de procedencia, estatus económico... Nadie puede bajar del tren. En este tren se juega el desafío de la vida. Y tú... ¿Qué haces?. ¿Te quedas disfrutando las vistas desde la ventanilla?, ¿Procuras ayudar al que está pasándolo peor?, ¿Decides sentarte en el primer vagón?... Así se construye el Reino, como semilla de mostaza que crec...

Txapela

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Hace ya unos meses que decidí subir a los montes con mi Txapela. Es una prenda cómoda, que me da calor cuando el sol empieza a ponerse sobre las laderas. Me cubre la cabeza y evita que entre frío a las ideas que alberga mi mente. Pero sobre todo, la llevo en memoria de mis antepasados, en recuerdo de los que nos precedieron. Al colocarla sobre mi cabeza no puedo evitar acordarme de las personas que recorrieron el camino de la vida antes que yo, los que impregnaron sus huellas en sendas semejantes a las que hoy recorro, es un homenaje a todos ellos. Recuerdo al Aitona subir a la iglesia con su Txapela, que se quitaba nada más entrar y santiguarse ante el Santísimo. Me acuerdo de Santiago y como, con cariño, posaba su Txapela sobre la mesa cuando se disponía a darnos una lección vital que aguardábamos con inquietud. Txapeldun, Txapela duena. (El que lleva la txapela). El premio, un bocadillo de jamón y unos buenos tragos de la bota que he preparado esta misma mañana. Ya se observa la cim...

Empatía.

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Recorro un tramo del Camino de Santiago, concretamente el que une Zizur con Pamplona, pero en sentido inverso. Esto me permite cruzarme con los peregrinos cara a cara, mirarles a los ojos y desearles un buen camino. Ultreia et Susteia. (Adelante y más Arriba) El sol empieza a salir y sus rayos van calentando mi cara, el amanecer sobre los campos cosechados ha sido impresionante. Siento una cercanía extraordinaria con los peregrinos que recorren el Camino de Santiago. A veces lo achaco a las etapas que he ido recorriendo a lo largo de los años, sin embargo, creo que está empatía proviene más de la condición de peregrino, que tanto anhelo y comparto con ellos. Ayer, recorriendo el Pirineo con Andoni me contaba, cómo trabajando en Francia, preguntaron a un peregrino porque realizaba el camino. La respuesta (más o menos) era algo así: "Trato de demostrar a mi cabeza el camino que mis pies ya han empezado a recorrer". Todo muy poético, al igual que el Camino de Santiago. Dice Dala...

Primera parte.

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Esperanzar "Es preciso tener esperanza, pero tener esperanza del verbo esperanzar; porque hay gente que tiene esperanza del verbo esperar (...) y eso es 'espera'. En cambio esperanzar es levantarse, esperanzar es perseguir algo, esperanzar es construir, esperanzar es no desistir. Esperanzar es avanzar, es juntarse con otros para hacer las cosas de otro modo. Es preciso reinventar el mundo, buscar su belleza. Belleza que pasa por nuestra capacidad de imaginar, de crear, de actuar, de transgredir... de comprometernos".  Paulo Freire “Mi abuela, ya levantada antes que todos, me daba una gran taza de café con trozos de pan y me preguntaba si había dormido bien. Si le contaba algún mal sueño nacido de las historias del abuelo, ella siempre me tranquilizaba: No hagas caso, en sueños no hay firmeza. Pensaba entonces que ella, aunque también fuese una mujer muy sabia, no alcanzaba las alturas de mi abuelo, que tumbado debajo de la higuera, con el nieto José al lado, e...