Txapela

Hace ya unos meses que decidí subir a los montes con mi Txapela.

Es una prenda cómoda, que me da calor cuando el sol empieza a ponerse sobre las laderas. Me cubre la cabeza y evita que entre frío a las ideas que alberga mi mente.

Pero sobre todo, la llevo en memoria de mis antepasados, en recuerdo de los que nos precedieron. Al colocarla sobre mi cabeza no puedo evitar acordarme de las personas que recorrieron el camino de la vida antes que yo, los que impregnaron sus huellas en sendas semejantes a las que hoy recorro, es un homenaje a todos ellos.

Recuerdo al Aitona subir a la iglesia con su Txapela, que se quitaba nada más entrar y santiguarse ante el Santísimo. Me acuerdo de Santiago y como, con cariño, posaba su Txapela sobre la mesa cuando se disponía a darnos una lección vital que aguardábamos con inquietud.

Txapeldun, Txapela duena. (El que lleva la txapela). El premio, un bocadillo de jamón y unos buenos tragos de la bota que he preparado esta misma mañana.

Ya se observa la cima, mañana será un nuevo día.
Buenas rutas y orgullo sobre nuestras cabezas al portar esta milenaria prenda que ha acompañado a tantas generaciones.

¡Va por vosotros!



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