Una carta para no decirte nada.

No sabía demasiado de tí,

pero lo poco que conocía me gustaba.


Me transmitías un encanto por la vida,

la esperanza del que todavía sigue en pié,

la ilusión del alma pura que no desespera,

la inocencia de un niño con sonrisa risueña.


Me volviste a hacer volar,

regresaste con mis noches de sueños,

con mis ganas de volver a conocer,

me renovaste el aliento de fe.


Despertaste mis ganas de escribir(te)

de conocerte tras un café,

de esperar un mensaje por las mañanas,

de volver a creer en el amor a primera vista.


Sin embargo,

he regresado a mi querida condición,

casilla de salida 

donde confluyen todos mis anhelos.


Fue bonito darme cuenta,

que sigo siendo un cuentista soñador,

un novelista algo frustrado,

un artista de las palabras vacías

que no pierde la esperanza

y que escribe con cierta alegría.


En el fondo,

solo sabía que te gustaban las cartas,

y aquí la tienes:

una carta para no decirte nada.

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