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Mostrando entradas de mayo, 2024

La esperanza como valor fundamental.

Recuerdo con una mezcla de pena, de pasado imaginado, de tristeza, y no me voy a engañar, un pequeño ápice de nostalgia, una noche de invierno de hace unas cuantas primaveras, sin todavía haber cumplido los 17 años. Entrábamos a un local con aspecto descuidado, sucio, algo maloliente en el que los zapatos se pegaban a un pringoso suelo que acumulaba una mezcla de polvo, cenizas y una viscosa fina capa de restos de cerveza y otras mixturas alcohólicas, originario de unas cuantas fiestas que allí se organizaban todos los fines de semana. El local en cuestión recibía a sus invitados con una espesa capa de humo, proveniente de los jóvenes que estaban sentados en los roídos sofás que se encontraban en medio de aquel lugar. Una mezcla de olores de tabaco y otras plantas aromáticas que dejaron cierto recuerdo en mi mente, aunque no del todo agradable, sí muy real y relacionado con aquellos entornos que pertenecen a un pasado casi borroso y apenas identificable con el paso de los años. A veces...

Doña Vagancia.

  El mayor enemigo que tienen mis historias y cuentos no es otro que Doña Vagancia. Aparece timidita, pero con una fuerza indestructible y ¡Zas! se lleva todas las palabras antes de ser escritas. Cuando aparece un rayito de inspiración, allí está ella, al acecho, como ladrona oculta. A veces no me permite salir de la cama, o me obliga a quedarme en la ducha o en el bar, pero no me lleva nunca a mi escritorio a libretear. Normalmente ataca con fuerza, ocasionalmente se olvida de mí y es en ese preciso instante cuando aprovecho para dejar plasmadas el bailar por mi mente de las palabras.

El ancla

Hoy recuerdo con especial cariño una bonita metáfora vital acerca de la fuerza de las convicciones personales. Se que la cuento mucho, y en momentos en los que mi corazón se encuentra pletórico acariciado por una buena compañía y una mejor conversación, mi alma grita pidiéndole dar salida como brote verde que espera la primavera para florecer. Además la comparto con especial cariño, tanto por la persona que me contó esta historia como por la sabiduría que esconde en si misma. Y nuestro cuento dice así: Las personas somos pequeños barquitos que navegamos en este océano que es la Tierra. No sabemos muy bien el porqué, pero nos ha tocado coincidir en un mismo espacio y en un mismo tiempo. Cada uno es su barquita: hay canoas que es necesario remar, lujosos yates que arrasan lo que encuentran a su paso, barcos pesqueros, cruceros y transatlánticos. Hay embarcaciones que siguen la corriente y otras que no lo harían ni aunque su vida dependiera de ello. Hay barquitos y barcazas, los hay decid...