Doña Vagancia.

 El mayor enemigo que tienen mis historias y cuentos no es otro que Doña Vagancia.


Aparece timidita, pero con una fuerza indestructible y ¡Zas! se lleva todas las palabras antes de ser escritas.


Cuando aparece un rayito de inspiración, allí está ella, al acecho, como ladrona oculta.


A veces no me permite salir de la cama, o me obliga a quedarme en la ducha o en el bar, pero no me lleva nunca a mi escritorio a libretear.


Normalmente ataca con fuerza, ocasionalmente se olvida de mí y es en ese preciso instante cuando aprovecho para dejar plasmadas

el bailar

por mi mente

de las palabras.

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