¿Valió la pena?
Esta mañana, al final de la Eucaristía, José Carlos nos ha contado un cuento. Una historia para reflexionar y rezar, de esas que no dejan a nadie indiferente. Creo que debo transcribirla y guardarla aquí, como tesoro que merece ser cuidado y mantenido durante el caminar de la vida.
"Imagínense un tren. Un tren largo, que marcha a toda velocidad. El tren no para, tampoco hay estaciones, solo un destino: la meta final. El fin de nuestro viaje.
En este tren está todo el drama de la humanidad, con sus alegrías y sus penas, todas las personas que habitan la tierra, todas las emociones, momentos. En ese tren estamos todos, sin importar condición social, lugar de procedencia, estatus económico... Nadie puede bajar del tren.
En este tren se juega el desafío de la vida. Y tú... ¿Qué haces?. ¿Te quedas disfrutando las vistas desde la ventanilla?, ¿Procuras ayudar al que está pasándolo peor?, ¿Decides sentarte en el primer vagón?...
Así se construye el Reino, como semilla de mostaza que crece o levadura que permite que la masa crezca y se pueda hornear el pan.
Este tren es la vida. Nuestra vida. Al final del viaje: los brazos del Padre. Y una última pregunta te espera en el arcén:
¿Disfrutaste del viaje?
¿Como lo has vivido?
¿Cuál ha sido tu actitud durante el trayecto?"
¡Y esto es todo por hoy!
Ánimo... Y buen viaje!
Me ha encantado
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