Camino de Asís. Día 1. Pamplona - Florencia
El día de hoy ha sido una auténtica locura. Un vaivén tanto emocional como físico que ha terminado 1400 kilometros más lejos de donde empezó.
He madrugado bastante, he dormido un poco nervioso, cosa que no me suele ocurrir nunca. Esto se debe principalmente a dos motivos: la emoción del viaje y la expectación del que espera, en este caso, una respuesta por parte del trabajo donde realicé la entrevista ayer.
El viaje en villavesa ha sido el más cotidiano, recorrer las calles que recorro todas las semanas, despedirme de Pamplona y entrar en la estación de autobuses. ¡Qué distinto se ve un miércoles cualquiera cuando uno emprende un nuevo proyecto! Las caras de los peatones eran las de personas que caminaban hacía sus trabajos, hacía su quehacer cotidiano, un paseo rutinario y ordinario.
La llegada a Bilbao ha sido cómoda y he alacanzado el aeropuerto sin ninguna incidencia mucho antes de lo previsto. He recargado fuerzas con un bocata y he pasado los controles de seguridad.
Apenas faltaba media hora para embarcar cuando he recibido la llamada de la Organización: contaban conmigo para el trabajo. Se me ha saltado alguna lágrima viendo cómo los sueños se consiguen, como todo se va ordenando y me he sentido tan agradecido, vivo y pleno que no sabría explicarlo con palabras.
En ese momento me he encontrado con un vecino conocido, habrá pensado que yo estaba loco. Los ojos vidriosos, una sonrisa que iluminaba mi cara y le he contado que emprendía un viaje solo, sin apenas equipaje y en peregrinación a Asís. Su cara ha sido un auténtico poema, casí como la mía.
El vuelo ha sido muy tranquilo, he podido hablar antes de subirme al avión con mamá y con Amaya y hemos despegado rumbo a Florencia. Al cabo de dos horas hemos aterrizado y he salido a todo correr dirección al tranvía que me acercaría al centro de la ciudad. No tenía muchas horas de luz por delante y queria aprovechar para conocer la ciudad por lo que tenía que darme prisa.
Otra de las grandes ventajas de no llevar equipaje, de ir ligero en la vida, ha sido poder salir rápido, sin control de maletas y sin esperas a la salida del aeropuerto. Todo un arte el de viajar, como un bailarín que se mueve agilmente por el escenario.
He llegado al hostal que he podido reservar hacia las 5 de la tarde, he conocido a los compañeros de habitación, con los que disfrutaré de una breve estancia y me han dado algunas indicaciones para conocer lo más emblemático de la ciudad.
He caminado por las calles de Florencia, llenas de gente, de callejuelas, de locales bonitos, de artesanos del cuero... Ha sido como retroceder a la Italia renacentista, plagada de arte, de esculturas, de Belleza...
Mi retina intentaba apreciar cada rincón bello, verdadero y genuino. El canto de unos cantantes de opera han sido la banda sonora de mi paseo. Había arte por todas las esquinas de la ciudad, ya fuera en forma de escultura, pintura, arquitectura, música o gastronomía. He podido recorrer las plazas más importantes, el paseo del río, embelesarme con la imponente catedral e incluso entrar en una iglesia que, para mí gran sorpresa, estaba llena de frescos de la vida de San Francisco.
En ese lugar he podido recibir la bendición como peregrino y lleno de fuerza para comenzar mi andadura me he retirado a cenar al hostal.
Tenía muchísima hambre, así que he decidido comprar una ensalada, un plato de pasta y el pan típico italiano (todo con descuento porque estaba a punto de caducar jeje). Así que he podido montarme una deliciosa cena, evitando el desperdicio alimentario y por un módico precio.
Ahora me retiro a descansar, a partir de ahora no tengo alojamiento, no sé cómo ir al punto de partida y ni siquiera se cuál será el punto de partida. No me importa, tengo una meta, y quién tiene un porqué siempre encuentra el cómo.
Espero descansar, el día ha sido muy intenso y mañana necesito tener mucha energía para encontrar la "Vía di Francesco". Somos 8 en la habitación, por probabilidad alguno roncará, hablará por la noche o será sonámbulo. Mañana os cuento.
Buenas noches,
El peregrino descansa.
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