Experiencias educativas (1)

Hay una dinámica que me gusta mucho hacer con adolescentes y jóvenes en actividades y campamentos y me parece que puede iluminarnos en este inicio de septiembre a todos, así que os la comparto.

La he realizado una docena de veces, con chicos y chicas, jóvenes de diversas nacionalidades, de ambos lados del charco, de entornos socioeconómicos muy distintos... Y, curiosamente, los resultados suelen ser muy semejantes.

En un entorno de confianza y en un clima distendido les preguntamos cuáles son sus mejores recuerdos vitales. Tienen que escribir en un papel tres momentos de su vida que les hayan marcado por irradiar felicidad, esos momentos en los que se han sentido plenos y con una alegría rebosante.

Hay gente que le cuesta encontrarlos, otros, sin embargo, lo hacen con una asombrosa facilidad, como si llevasen toda una vida pensando la respuesta a la pregunta. Os reto también a que hoy vosotros los podáis pensar.

Luego les pido que los compartan con el grupo, al ser momentos felices no les suele costar mucho hacerlo y se genera un ambiente de familiaridad y alegría compartida muy especial.

Algunos recuerdan el cumpleaños de la abuela, un viaje con la familia, una comida con amigos, el día de su primera comunión o un reencuentro inesperado. Cada uno de nosotros tiene esos grandes momentos que guarda con especial cariño en lo más profundo de su corazón.

Sin embargo, lo más curioso de esta bonita dinámica, es que, me atrevo a afirmar, todos estos recuerdos tienen dos grandes cosas en común, de las que podemos extraer una profunda reflexión:

1. Todos los mejores recuerdos están rodeados de personas. Somos seres sociales y nuestra felicidad es compartida, necesitamos de los demás, las personas de nuestro entorno nos enseñan, nos completan y dan sentido a nuestra vida.

2. En ninguno de los recuerdos compartidos (y han sido muchos) el centro y la importancia recaía sobre algún objeto material. Nadie se acordaba de una compra o de una gran cantidad de dinero que había recibido.

Y entonces siempre nos preguntamos... ¿Por qué si nuestros mejores recuerdos son compartidos y no basados en los bienes materiales nos empeñamos en generar dinámicas de vida individualistas y basadas en el consumo?

Las respuestas han sido muchas, pero lo que está claro es que siempre nos ayuda a la reflexión sobre nuestra propia vida.

Qué suerte poder ser educador,

¡A generar buenos recuerdos!


Comentarios

Entradas populares de este blog

2025

Camino a Asís. (1)

Una carta para no decirte nada.