¿No estaba ardiendo mi corazón?
Son las 8:30 de la mañana. Me levanto de la cama con la alegría de saber que puedo disfrutar de otro día de vacaciones por delante. No me gusta despertarme tarde, desde pequeño, siempre he preferido acostarme temprano y disfrutar de las horas de luz solar.
He tenido la suerte de que mamá se había levantado antes y me recibía un agradable olor a café recién hecho. Además, es un café muy aromático, regalo desde Brasil de nuestro amigo José Carlos. También me he hecho unas tostadas con aceite, mi desayuno habitual a lo largo de todo el curso.
El periódico estaba ocupado, así que he decidido ojear alguna de las revistas que se encontraban en la mesilla central del salón. Normalmente, solemos dejar ahí los libros que estamos leyendo, algunos periódicos viejos o libros de consulta que el aita está utilizando en estos momentos.
Sin embargo, hoy me ha llamado la atención una revista que llevaba en la portada titulado algo así como "grandes (y desconocidos) pedagogos de nuestro tiempo".
La he cogido con cierta curiosidad, me gusta el ámbito de la pedagogía y la educación, pero soy un poco reticente a los "grandes" pedagogos. A veces tengo la sensación que proclaman grandes ideales educativos que son imposibles de concretizar en nuestras aulas. Creo que está reticencia mencionada es porque me recuerdan un poco a mí, ilustres discursos sin aplicación práctica concreta.
Sin embargo, la lectura de estos artículos ha sido muy distinta. A lo largo de las páginas se discutían los métodos y verdades pedagógicas, desde lo concreto. Se citaban autores de a pie, alguno incluso conocido por nosotros, contemporáneo y de nuestra tierra. Propuestas concretizadas, que desde un prisma antropológico van desembocando en medidas concretas para nuestras aulas.
Poco a poco me he ido enfrascando en la lectura, discutiendo con los escritores y apuntándome media docena de recomendaciones de libros para estas próximas semanas. Me ha sorprendido como mantenían un hilo, conjugando a la perfección el carácter teórico y práctico que tiene la educación.
Ha sido una lectura realmente dichosa y nutritiva, como un alimento que sientes que te hace bien y tu cuerpo agradece. Y es que últimamente, agradezco mucho este tipo de lecturas, que realmente sacian tu corazón y lo activan en beneficio de grandes ideales y buenos propósitos.
¡Cuánto agradecimiento a esos libros y lecturas que realmente ensanchan el alma!. Nos ayudan a caminar en la vida, a ser mejores, a abrirnos a nuevas realidades y a comprender pensamientos que creíamos incomprensibles.
Cada día busco más estas lecturas en las que, al igual que los discípulos de Emaús, poder decir:
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